
La cifra que circula no tiene respaldo documental
El titular que ha corrido estas semanas asegura que la inteligencia artificial "creó 1,9 millones de puestos de trabajo" en España. Suena a buena noticia, y por eso ha viajado rápido: contradice el temor generalizado a que la automatización destruya empleo masivo. El problema es que esa cifra concreta, 1,9 millones, no aparece en ningún documento oficial que se haya podido localizar y contrastar.
Tampoco existe ninguna relación identificada entre esa cifra y empresas concretas que la respalden con datos propios. No es que el número sea falso por definición; es que circula sin ancla verificable, lo que en un debate público sobre empleo y tecnología no es un detalle menor. Las cifras sobre destrucción o creación de empleo, cuando carecen de fuente rastreable, tienden a repetirse hasta convertirse en sentido común sin haberlo demostrado nunca.
El único estudio con metodología y autoría identificables sobre este tema en España es el elaborado por Francisco Rodríguez, director de Estudios Financieros de Funcas, la fundación de las cajas de ahorros dedicada a análisis económico. Y ese estudio dice algo distinto de lo que el titular viral sugiere.
Lo que dice realmente el estudio de Funcas
Funcas estima que la inteligencia artificial destruirá entre 1,7 y 2,3 millones de puestos de trabajo en España en el horizonte 2025-2035, en su escenario central, el que la institución considera más probable. Es una destrucción bruta, es decir, la cuenta de empleos que dejarán de existir en su forma actual, sin restar todavía los que se creen en paralelo.
En el mismo estudio, Funcas calcula la creación de 1,61 millones de nuevas ocupaciones entre 2023 y 2033. Es la cifra que más se parece, en apariencia, al 1,9 millones del titular viral, pero no coincide ni en magnitud ni en el periodo de referencia: son ventanas temporales distintas y conceptos distintos, destrucción frente a creación.
Al cruzar ambas magnitudes, el balance que resulta en el escenario central es una pérdida neta de empleo, no una ganancia. La fundación no ha traducido esa pérdida neta en una cifra concreta en la documentación consultada; sí ha detallado por separado los extremos de destrucción bruta (1,7 a 2,3 millones) y creación bruta (1,61 millones), que son los números que sostienen la conclusión de saldo negativo.
El rango entre escenarios muestra la magnitud de la incertidumbre
Funcas no ofrece una sola proyección sino un abanico. En el escenario optimista, la destrucción de empleo rondaría los 700.000 puestos, una cifra sensiblemente menor que en el escenario central. En el pesimista, superaría los 3,5 millones, cinco veces más que en el optimista.
Esa horquilla tan amplia, de 700.000 a más de 3,5 millones, refleja cuánta incertidumbre rodea todavía a este tipo de ejercicios de proyección. No es una debilidad exclusiva de Funcas: cualquier estimación a diez años sobre el impacto de una tecnología en plena expansión depende de supuestos sobre ritmo de adopción, marco regulatorio y respuesta de las empresas que pueden variar mucho según quién los formule.
La magnitud de esa horquilla es, en sí misma, un mensaje: nadie puede afirmar con la precisión que sugiere un titular de una sola cifra qué va a pasar exactamente con el empleo español en la próxima década. Cualquier lectura que presente un número aislado como certeza está simplificando un ejercicio que sus propios autores presentan como un rango de posibilidades, no como un pronóstico cerrado.

Quién está más expuesto y quién sale reforzado
El impacto no se reparte de forma uniforme entre profesiones. Según la cobertura del estudio, los técnicos y profesionales científicos son el grupo más afectado, con hasta 900.000 empleos en riesgo. Les siguen los técnicos de apoyo, con 527.000, los empleados administrativos y contables, con 417.000, y los directivos, con 150.000.
Es un dato que rompe con la intuición habitual de que la automatización golpea sobre todo a los trabajos manuales o poco cualificados. Aquí el foco está en tareas cognitivas y de gestión de información, precisamente las que la IA generativa procesa con mayor eficacia: análisis, redacción, cálculo, soporte técnico.
No todo el impacto es destructivo. Entre 2,8 y 3,5 millones de trabajadores no perderían su empleo, sino que verían mejorada su productividad gracias a la IA, de acuerdo con la cobertura del estudio. Es la otra cara de la misma moneda: para una parte sustancial de la fuerza laboral, la tecnología no sustituye el puesto sino que cambia cómo se desempeña.
Reorganizar tareas, no solo eliminar puestos
El propio equipo de investigación de Funcas en el área de "Empleo y capital humano" enmarca el fenómeno de forma más matizada que la simple dicotomía entre destruir o crear empleo. Su formulación, en los términos originales de la investigación, es que la IA generativa está transformando los mercados de trabajo principalmente reorganizando tareas dentro de las ocupaciones, en lugar de eliminar empleos de forma directa.
Esa distinción importa porque cambia el tipo de política pública y empresarial que tiene sentido activar. Si el problema fuera solo destrucción neta de puestos, la respuesta obvia sería la creación de empleo alternativo. Si el problema es la reorganización de tareas dentro de ocupaciones que sobreviven pero cambian, la prioridad se traslada a la formación y la reconversión de perfiles dentro de sus propios puestos.
Con datos tan dispersos entre escenarios extremos y una diferencia de miles de puestos según qué fuente periodística resuma el mismo estudio, la conclusión más sólida no es una cifra única sino la dirección del cambio: destrucción bruta superior a creación bruta en el escenario más probable, concentrada en perfiles técnicos y administrativos, con margen de mejora de productividad para una franja mayor de la fuerza laboral que no perderá su puesto pero sí su forma de trabajar.