
Un beneficio inflado por una venta que no se repetirá
Iberdrola presentó el 22 de julio de 2026 un beneficio neto de 4.336,4 millones de euros para el primer semestre, un 21,7% más que un año antes. Es la cifra que encabeza el comunicado de la compañía y la que primero circula en los mercados, pero necesita un matiz inmediato: 953,3 millones de ese resultado proceden de una plusvalía neta por la venta de las plantas térmicas que el grupo tenía en México al grupo Cox.
Una plusvalía es la ganancia contable que se registra cuando un activo se vende por encima del valor al que figuraba en los libros de la empresa. No es dinero que genere el negocio año tras año: es un ingreso puntual, ligado a una operación concreta, que desaparece del resultado en cuanto se cierra el ejercicio en que se contabiliza. Sumarlo al beneficio neto es correcto desde el punto de vista contable, pero conviene no confundirlo con una mejora del negocio subyacente.
Para aislar ese efecto, Iberdrola también publica un beneficio neto ajustado, que excluye extraordinarios como este. Esa cifra fue de 3.564,9 millones de euros, un 7,8% más que un año antes. Es menos de la mitad del avance porcentual del beneficio neto total, y es la referencia que mejor describe cómo le fue al negocio ordinario del grupo durante el semestre, sin el efecto de la venta mexicana.
Ver los datos en tabla
| Concepto | M€ |
|---|---|
| beneficio neto | 4336,4 |
| beneficio neto ajustado | 3564,9 |
| EBITDA ajustado | 8050 |
| inversión bruta del semestre | 7000 |
Fuente: Iberdrola
El negocio recurrente también crece, aunque más despacio
El EBITDA ajustado —el beneficio antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones, que mide el resultado operativo del negocio antes de decisiones financieras o contables— se situó en 8.050 millones de euros, un 7,4% más. Iberdrola señala que, sin el efecto adverso de los tipos de cambio, el avance habría sido del 8,8%, lo que sugiere que la depreciación de algunas divisas frente al euro restó parte del crecimiento generado por las filiales internacionales del grupo.
Ese matiz cambiario es relevante porque Iberdrola opera en mercados con monedas distintas al euro, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido y Brasil. Cuando esas divisas se debilitan frente al euro, los ingresos que generan esas filiales valen menos al convertirlos a euros en las cuentas consolidadas, aunque el negocio local no haya empeorado. Es un efecto contable, no operativo, pero reduce igualmente la cifra final que ve el inversor.
En conjunto, los dos indicadores que excluyen extraordinarios —beneficio ajustado y EBITDA ajustado— crecen a un ritmo similar, en torno al 7-8%. Es un crecimiento sólido para una eléctrica de este tamaño, pero muy distinto del 21,7% que encabeza el titular corporativo. La diferencia entre ambas cifras es, esencialmente, la venta de México.
Dónde pone Iberdrola el dinero: redes, y fuera de España
La inversión bruta del semestre ascendió a 7.000 millones de euros, un 25% más que un año antes, y más del 70% se destinó a tres países: Reino Unido, Estados Unidos y Brasil. Es una cifra que confirma un giro que Iberdrola lleva tiempo ejecutando: cada vez más capital sale de España y entra en mercados donde el grupo opera activos regulados, principalmente redes eléctricas.
Dentro de esa inversión, el negocio de redes concentró unos 4.400 millones de euros, un 42% más que un año antes: creció muy por encima de la inversión total del grupo. Las redes son las infraestructuras de distribución y transporte de electricidad, un negocio regulado cuyos ingresos dependen de tarifas fijadas por reguladores públicos, no de los precios de mercado de la energía. Eso las hace más previsibles que la generación o la comercialización, y explica por qué Iberdrola las prioriza en un contexto de tipos de interés e incertidumbre regulatoria en algunos mercados.
La base de activos regulados de redes del grupo alcanza ya los 55.000 millones de euros, un 11% más que el año anterior, repartidos en unos 40.000 millones en distribución y 15.000 millones en transporte. Esta base de activos regulados es, en la práctica, el conjunto de infraestructuras sobre las que el regulador reconoce a Iberdrola un retorno garantizado; cuanto mayor sea, mayor es el beneficio recurrente que el grupo puede esperar sin depender de los precios de la electricidad.
Una promesa para el resto del año que aún no se ha cumplido
Iberdrola reafirmó junto a estos resultados su objetivo para el conjunto de 2026: crecer más de un 8% en beneficio neto ajustado, hasta superar los 6.700 millones de euros, e incorporar 2.100 megavatios renovables adicionales antes de final de año. Es una previsión de la propia compañía, no una cifra verificada de forma independiente, y conviene tratarla como tal: un objetivo que la dirección se compromete a cumplir, no un resultado ya alcanzado.
El primer semestre ofrece una señal a favor de esa meta: el beneficio ajustado ya crece un 7,8%, cerca del umbral anual que persigue la compañía. Pero la segunda mitad del año suele concentrar decisiones regulatorias, cierres de operaciones y variaciones de tipo de cambio que pueden mover el resultado en cualquier dirección, como ya ilustra el propio semestre con el efecto divisa sobre el EBITDA.
La cifra que merece más atención en los próximos trimestres no es el beneficio neto total, sujeto a operaciones puntuales como la venta de México, sino el ritmo al que crece la base de activos regulados y el peso que las redes ganan sobre el conjunto del negocio. Ese es el indicador que mejor anticipa si el giro estratégico del grupo se consolida o si necesita, de nuevo, apoyarse en extraordinarios para sostener el titular del beneficio.