
El mecanismo detrás de los siete pseudónimos
OpenAI identificó que la operación "Bogus Bylines" se sostenía sobre siete nombres de autor pseudónimos. No eran siete personas distintas escribiendo con estilos propios: eran siete máscaras detrás de las cuales ChatGPT generaba el grueso del contenido, lo que permitía simular una redacción diversa cuando en realidad el origen era uno solo y automatizado.
Esa arquitectura es la que hace rentable este tipo de campaña: con un número reducido de identidades ficticias, un operador puede inundar decenas de cabeceras sin necesidad de reclutar redactores reales ni sostener el coste de producir contenido original para cada medio.
De la propuesta editorial al comentario en redes, todo generado por IA
Según OpenAI, la operación no se limitó a artículos largos. ChatGPT se usó también para redactar propuestas editoriales —los correos con los que normalmente un colaborador ofrece un tema a una redacción—, comentarios en redes sociales e informes internos, y todo ello tanto en persa como en inglés.
Esa combinación revela el objetivo real de la campaña: no solo publicar contenido falso, sino gestionar con IA el ciclo completo de una operación de desinformación, desde el contacto inicial con los medios hasta la medición y el reporte interno de resultados en el idioma de quienes dirigían la operación.
El detalle del bilingüismo persa-inglés confirma que detrás del aparente origen estadounidense de los artículos había una coordinación centralizada desde fuera del país, algo que OpenAI vincula directamente a Irán.
La pista que delató la operación: comentarios sincronizados al minuto
OpenAI explicó que los comentarios generados por la campaña se publicaban con apenas minutos de diferencia entre sí. Ese patrón temporal, casi imposible de replicar por usuarios reales dispersos geográficamente, fue uno de los rasgos que permitió a la empresa reconstruir la red y atribuirla a una operación coordinada.
Es la misma lógica forense que ya ha servido para destapar otras campañas de manipulación en redes: la IA generativa abarata la redacción de texto plausible, pero no borra los rastros de coordinación en el tiempo. Cuando decenas de cuentas publican casi al unísono, el patrón se vuelve detectable aunque el contenido individual pase por humano.
Un medio con cerca de 2 millones de seguidores, entre los afectados
OpenAI aportó cifras concretas sobre el alcance real de uno de los medios usados como vehículo: cerca de 2 millones de seguidores en Facebook, 355.000 en X y 544.000 en Instagram, según datos de agosto de 2026. No son cifras menores para un canal que, según la empresa, sirvió de plataforma a contenido fabricado por IA.
OpenAI indicó que bloqueó la serie de cuentas de ChatGPT vinculadas a la operación, pero no precisó qué versión del modelo se utilizó para generar los textos. Esa omisión impide saber si la campaña se apoyaba en capacidades recientes o en versiones más antiguas y accesibles del chatbot, un dato relevante para calibrar cuánto ha abaratado realmente la IA generativa este tipo de operaciones.